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miércoles, 11 de junio de 2014

Yashwant Buwa Joshi: El "rang" como elemento esencial de la música





Yashwant Buwa (o Yashwantbua) Joshi (1927-2012) fue un músico excepcional, uno de los mejores cantores del gayaki khayal de los gharanas (estilos musicales) de Gwalior y Agra, que vienen desde mediados de los siglos XVI y XIX, respectivamente. Su formación la inició en su natal Pune con Pandit Mirashi Buwa, maestro del estilo Gwalior. En 1950 se trasladó a Bombay, donde Pandit Jagannath Buwa Purohit "Gunidas" le enseño el estilo Agra y una filosofía de la música que llevó durante toda su carrera. Fue influenciado también por el gayaki de Gajanan Buwa Joshi y de Chhota Gandharva. Pasó casi toda su vida como profesor y sólo tuvo reconocimiento como intérprete a los sesenta años. Se le llamó entonces 'Buwa', que en Maharashtra significa "respetable caballero anciano". Destacando por la increíble vitalidad de sus actuaciones y por la rareza de su estilo, tradicional pero poco ortodoxo y más bien ecléctico, desde mediados de la década de 1990 empezó a realizar grabaciones comerciales y a ser galardonado con varios premios, entre ellos el premio estatal Maharashtra Gaurav Puraskar de 1993 y el premio de la Academia Sangeet Natak.


Su gayaki combinaba el romanticismo de los swaras (literalmente: tonos), que aportan belleza por sus posibilidades de ornamentación, con la disciplina del laya (tempo), logrando mehfils (pequeños conciertos) muy íntimos y de gran calidad. Se definía a sí mismo como un músico de la vieja escuela, conservador ya que mantuvo siempre su base en el estilo Gwalior y prefería taals (sistemas rítmicos) lentos que fueron antiguamente populares, como el Tilwada y el Jhumra (de 16 y 14 matras o beats, respectivamente, reemplazados luego por el Tintal y el Ektal), aunque tampoco optaba por el tipo ati-vilambit (muy lento). Tenía una razón para esos ritmos: así podía desarrollar sus khayals. "Khayal", en Urdu, significa "imaginación". Es un sistema de canto muy improvisado, que requiere cierto carácter pausado para lograr sofisticación. E incluso así, Yashwant Buwa ocasionalmente cantaba en otros sistemas como el Natyageet o el Bhajan.

Hasta su muerte en 2012 fue el último sobreviviente de los pioneros de la confluencia de los estilos Gwalior y Agra en el canto khayal. El 5 de junio de 2003, Yashwantbua Joshi le dio una breve entrevista a Deepak Raja sobre su vida y su concepción de la música. Sobre esto último dijo lo siguiente:

La filosofía de la música

Soy conservador, pero no ortodoxo. Tengo un fuerte fundamento establecido en el estilo de Gwalior, pero nunca fui prisionero de ese gharana. Busqué a todos los músicos cuyo estilo me atrajo y aprendí de ellos lo que pude. Jagannath Buwa me decía a menudo que el requisito básico de la música es la cualidad mágica llamada "Rang" [literalmente: color]. Como cualidad de la música, "Rang" trasciende las consideraciones de cualidad de voz, la gramática y la comunicación de rasa [el contenido emocional]. La reacción del público no es mi punto de referencia para validar mi música. No voy a sacrificar la dignidad de mi arte por un público maravillado. No voy, por ejemplo, a hacer un Thumree [estilo de música clásica ligera, popular en el siglo XIX, generalmente con tema de amor de alguna muchacha hacia Krishna y caracterizado por una gran flexibilidad] fuera de un Khayal, o empezar a cantar con mi cuerpo. Pero un artista no puede ser un mero científico. Si quiere dirigir un auditorio y también imponer respeto, tiene que encontrar el equilibrio delicado entre la santidad del arte y el placer de escuchar del auditorio. Si no puede hacer esto, puede entonces seguir siendo un profesor.

Mis grabaciones han estado en el mercado desde hace varios años. He estado llevando a cabo interpretaciones en la radio desde 1946. También se transmiten en otros dos programas nacionales de All India Radio. Y, por mucho tiempo, nadie se dio cuenta. En los últimos diez años, la gente de repente se dio cuenta que Yashwant Buwa también podía cantar. Hoy tengo admiradores no sólo en nuestro estado de Maharashtra, sino también en Calcuta, Delhi y algunas otras ciudades. Varias instituciones me han otorgado honores por mis servicios como profesor e intérprete. A los 75 años, todavía puedo celebrar un concierto de dos horas. No me arrepiento, pero si el reconocimiento hubiese venido cuando era más joven, la gente hubiera escuchado mejor música de mí.
 
El rang es, en la música clásica del norte de la India, la "definición" de esa vitalidad esencial que deviene, fluye en la música y en sus distintos géneros. Es ese "no sé qué" que Rousseau asociaba con la melodía, en contraposición con la armonía. No se equivocaba en la medida en que esa sensación está relacionada de un modo claro con el flujo temporal, pero tanto la melodía como la armonía son temporales, por lo que habría que añadir que no con la mera sucesión de sonidos, lo que sí puede determinarse sistemáticamente, al punto incluso de matematizarla y abstraerla de toda experiencia sensible, sino más bien con una sucesión de sensaciones, para la cual es también sumamente importante el ritmo, como lo advertía ya Descartes en su Compendio de Música, tratando de ver tanto su fuerza sensible como la posibilidad de matematización del mismo. A este carácter sensible se debe que su peso sea distinto: la intuición (sensible) hace que se le resalte como una cualidad esencial, tal como quería sostener Rousseau y como se da en nuestras experiencias musicales más cercanas. No algo distinto se señala cuando se dice que una música llega al alma, a la sangre o a la piel.

En la música popular, esta cualidad cobra formas variadas y, en todos los casos, es igualmente difícil de determinarla, a no ser con imágenes o nombres meramente metafóricos, o por analogía con otras experiencias sensoriales, mas no conceptualmente; es decir, no propiamente definirla. A pesar de ello, es inmediatamente reconocible cuando se da en la experiencia; esto es, en la intuitividad de la conciencia estética. Basta escuchar una tonada de Louis Armstrong para reconocer el swing y reaccionar adecuadamente (o no) frente a él, por ejemplo bailando. Y aunque el sonido de la trompeta de Chet Baker sea distinto, así como el ritmo, diferencia que en los bailes se refleja bien, de la música de éste también se dice que tiene swing. Desde luego que es más probable que se afirme que es cool, y no casualmente ese es el tipo de jazz en el que se le clasifica. Con frecuencia, la cualidad esencial es el mismo nombre del género o subgénero musical, o está en relación con él. De un buen músico de rock and roll se exclama: "He rocks!". Y el grupo Queen prometía: "We will rock you". En el metal aún se habla de roqueros y de roquear porque éste respondía a la pérdida de esa capacidad de golpe en el sonido del rock, ya fuese por costumbre o por popularización; de modo que se hizo necesario, por decir, que las rocas se volviesen metálicamente pesadas en aras de recuperar su cualidad esencial. Por su parte, el nombre 'salsa', que en sus inicios provocó la reacción de los intérpretes de la música afrocubana, que no veían la novedad (Tito Puente dijo que la única salsa que él conocía era la de sus espaguetis), evidentemente resalta el sabor de esta música, y lograr dar con su esencia es precisamente tener sabor o saoco, algo que más que estar vinculado a la belleza de un baile de salón o a unas "sábanas blancas", lo estaba con la dureza de la calle latina (y por eso apareció luego una reivindicativa 'salsa dura'). Esto sin pretender que a un género le corresponda una única cualidad esencial. Incluso, teniendo varias, lo común es que en su desarrollo histórico le dé más peso a una u otra y que de allí mismo surjan los subgéneros.

Igual ocurre con el buen músico de flamenco, que tiene duende. En la bossa nova, el término 'bossa' aglutina un conjunto de significados característicos de la cualidad a la que nos referimos: moda, estilo, instinto, maestría, talento; aunque quizás no haya sentimiento más fuertemente asociado a ella que esa intraducible saudade. El vals criollo peruano puede no tener el garbo que le dieron algunos de sus intérpretes, como Chabuca Granda, pero nunca puede dejar de tener criollismo. En todos estos y en otros casos, lo característico es la imprecisión o indeterminación de dicha cualidad que, sin embargo, se considera esencial. Los límites son muy abiertos; por ello el rang no está exclusivamente asociado con la música clásica india, en cuyo caso no se llamaría así un festival de música electrónica que se celebra cada año en ese mismo país.

Por eso mismo, Yashwant Buwa afirma que el rang no se limita o asegura mediante una particular cualidad de la voz: no es que corresponda a algunos timbres y no a otros, o a alguna tesitura bien delimitada, como se ha pretendido más en la tradición occidental (piénsese en la formalidad del bel canto). De igual modo no puede apresarle la gramática, a la que muchas veces, también en la poesía, se fuerza con tal de respetar la musicalidad. Y, curiosamente, añade que tampoco se limita a la comunicación de contenidos emocionales. Esto quiere decir que la comunicación de esta cualidad, del músico a su público, no se da con la simple incitación al goce. Lo único que hace falta para el goce, en términos generales, es la disposición para entrar al juego. Pero no todo partícipe del mismo es un buen jugador ni, menos aún, un maestro. La maestría en el arte requiere de algo más que de seguir reglas, pero no puede prescindirse totalmente de ellas, sobre todo en un arte tan técnico como la música. Igualmente, ella no puede prescindir de la comunicabilidad y del reconocimiento intersubjetivo, y sin embargo no puede depender enteramente de éste. Si esto ocurre, se dice del artista que se ha vendido, que busca complacer a sus consumidores y nada más. Independientemente de lo económico y lo comercial, lo que con ello se quiere decir es que el artista ha perdido el respeto por su propia singularidad, por aquello que precisamente lo hacía destacable. Hay un reconocimiento, pues, del respeto que el artista le debe a aquella esencialidad de la que depende su arte y a sí mismo como instrumento privilegiado de la misma. En los términos de Yashwant Buwa, se trata de lograr equilibrio en el respeto tanto de la santidad del arte como del placer que se genera en los oyentes. El oyente debe ser desafiado para que se genere también por su parte respeto. Acá hay varias dignidades en juego. Esto da pie a pensar en las raíces estéticas de la ética, así como en la relación entre una "moral estética" y una moral propiamente ética. Ese, no obstante, es un tema vasto que sólo sugeriré en esta ocasión, a falta de tiempo.

El tiempo es un curioso maestro que hace lo suyo de espaldas a la voluntad humana. Pero la música no va en contra del tiempo, sino que aprende a seguirlo, aun cuando eso signifique un desgaste que los cuerpos del instrumento y del músico no dejan de percibir. Yashwant Buwa Joshi reconocía que el tardío reconocimiento popular no le permitió mostrar su voz en el mejor de sus momentos. Sin embargo, y allí uno reconoce también al maestro, todo estaba bien.
 

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cinco reflexiones musicales sobre el Año Nuevo


Es cierto que cualquier música, sobre todo si es de fiesta, sirve para acompañar las celebraciones de Año Nuevo. Quizá por ello los temas navideños han tenido siempre más cabida, pero eso no significa que no se hayan creado temas específicos sobre lo que significa el comienzo de un nuevo año. Reúno aquí un muy breve listado de cinco temas, en orden meramente cronológico, que, más que ser canciones de celebración, son propiamente canciones de reflexión.


A sad one
Nat King Cole - "Happy New Year" (1958)



Navidad y Año Nuevo son sinónimo de alegría. O al menos eso nos dicen los catálogos de publicidad. Mientras la realidad se encarga de desmentirlos, la inconfundible voz de Nat King Cole (con letra de Gordon Jenkins) nos recuerda que, detrás de toda esa gente feliz con sus "silly paper hats" y sus "stupid little horns", hay también nostalgia y soledad. Y ello no por cuentas separadas, sino también en cada uno de esos personajes festivos; pero cada uno tiene su tiempo de soledad y a él le toca esa noche. Ella, en cambio, estará con su nuevo amor cantando Auld Lang Syne. Mas la diversión y el tedio son estados tan distintos como inseparables. Lo poderoso de toda diversión es su capacidad de hacernos partícipes de un breve paraíso terrenal; pero todo paraíso está allí para ser perdido y siempre nos damos cuenta de ello cuando ya es demasiado tarde, cuando tomamos conciencia del tiempo ido. Por eso mismo no podemos suprimir el sinsentido y la soledad radical. Menos aun cuando la fiesta continúa sin uno y "the wind blows memories". No se trata aquí de un hartazgo cualquiera, sino del tedio fundamental con el que se nos hace manifiesta la absurda fragilidad de nuestra existencia y de todo aquello en lo que nos esperanzamos. Frente a esa desnudez, todo ropaje -incluso y especialmente el ropaje intelectual que desprecia los divertimentos- es necesariamente una diversión, un pasar el tiempo. Pero, cuando la diversión no alcanza, la introspección se hace necesaria y no hay introspección sin memoria. Y, para complicar las cosas, sucede que los recuerdos más tristes son aquellas alegrías plenas e incontaminadas, instantáneas, con las que uno sorpresivamente se encuentra y a las que no se puede volver más que en el recuerdo. Como ese feliz año nuevo en que se besaron los que ya no se besan más.

Se nos había dicho, es cierto, que toda historia empieza con un paraíso perdido, pero es duro asumir que el modo propio de la existencia es descubrirse echado de un paraíso para esperar llegar a algún otro que también se perderá. La mayoría de personas prefieren creer que su paraíso es eterno y, cuando se acabe, creer lo mismo del próximo. Entretanto, en la elegante voz de Nat King Cole se expresa una tristeza que desgarra sin resentimiento: "I wish you a Happy New Year, darling. / May your new love be bright and fair".


Noche para dos
Ella Fitzgerald - "What Are You Doing New Year's Eve?" (1960)



Aun cuando en la naturaleza física sea una noche cualquiera, y aunque uno advierta la arbitrariedad de los calendarios, eso en nada niega que la víspera de Año Nuevo pueda convertirse en una noche especial. Para Ella Fitzgerald es eso lo que cuenta. La celebración del Año Nuevo es, vista así, una excelente oportunidad para acercarse a esa persona y preguntarle: "What are you doing New Year's... New Year's eve?"


Aún hay tiempo para nosotros
Otis Redding y Carla Thomas - "New Year's Resolution" (1967)


El dicho popular "año nuevo, vida nueva" no es estrictamente cierto. Inevitablemente somos una unidad de conciencia que se va nutriendo de un cúmulo de experiencias desde antes de nacer (con la música, por ejemplo, desde el sexto mes de embarazo). No obstante, afortunadamente, tenemos al olvido y al perdón como mecanismos para poner de lado, con menor o mayor control, ciertas experiencias de nuestro pasado, y así hacernos soportable el presente y alentadora la idea del futuro. De allí que los propósitos de año nuevo sean algo tan común. Independientemente de lo que determinen nuestra voluntad y las circunstancias siempre cambiantes, ellos nos dan una ilusión motivadora en tanto punto de inflexión. Un nuevo comienzo, relativo al menos, se vislumbra como posible. Eso encontramos en este clásico tema de Otis Redding que, junto a Carla Thomas, sabe bien que no es posible un olvido radical de todo lo pasado, menos aún cuando no se trata de experiencias meramente personales sino intersubjetivas. Otis sabe que tampoco el perdón es ilimitado. Por ello le canta a Carla: "I hope it's not too late / Just to say that I'm sorry, honey". Desde allí se nos va revelando una letra sutil (hecha por Mary Frierson) sobre los cambios que sufre una pareja, sobre el reconocimiento de las responsabilidades compartidas como fuente de reconciliación y, especialmente, sobre el hacer promesas que se puedan cumplir. La música enfatiza la palabra empeñada por ambos y captura la atención en esa promesa, de modo que ambos olvidan sus problemas. Olvido no quiere nunca decir un abandono absoluto, sino un colocar por debajo de otros recuerdos. El diálogo los integra de un modo verdaderamente esperanzador y Carla concluye: "Oh, it's not too late".


Lost and blue
Abba - "Happy New Year" (1980)



Abba canta sobre y a partir de un fin de fiesta, que es necesariamente un cierre melancólico. Pero es más que eso. Es el paso de una conciencia feliz pero pasiva a una conciencia más bien reflexiva, que vuelve sobre sus pasos y hace que el mismo saludo del día anterior -"Happy New Year"- sea ya distinto, cargado de una esperanza que no es ciega a fuerza de observar cómo el tiempo finalmente nos vence. Incluso esa visión de un mundo en el que los vecinos sean amigos no tiene una validez permanente sino momentánea, de vez en cuando ("now and then"). Incluso el deseo de que tengamos suficiente fuerza de voluntad para seguir, aparece contrastado con su contraparte: "...we might as well lay down and die". Abba nos está cantando de la fragilidad inevitable de estar echados a la existencia; de allí la excelente definición que dan del hombre como estando de espaldas a su futuro: "Oh yes, man is a fool / And he thinks he'll be okay / Dragging on, feet of clay / Never knowing he's astray / Keeps on going anyway...". No se trata de una queja, sino de una constatación. La inocencia de sus voces contrasta así con una letra que es muy sutilmente trágica, en el más pleno sentido griego del término. La versión en español, titulada Felicidad, pierde lamentablemente esta riqueza y permanece en la fiesta; en cualquier fiesta, porque ni siquiera mantiene el contexto del cambio de año. Los juegos de cada lengua y su musicalidad son también frágiles.


Nada cambia el día de Año Nuevo...
U2 - "New Year's Day" (1983)



La música de esta canción es, sin duda alguna, una de las más cautivadoras de la popular banda irlandesa. En esa perfecta confluencia del bajo, el teclado, la guitarra eléctrica y la batería hay una fuerza no superada por ninguna otra canción de Año Nuevo. La letra es característica del antimilitarismo de la banda y de ese disco en particular (War). En ella, Bono nos dice que no sólo la naturaleza sigue igual entre un 31 de diciembre y un 1º de enero, sino que también en lo humano pasa lo mismo: el cambio de año no implica el fin de la guerra. Pero la diferencia está planteada allí mismo, en la voluntad humana que lo distancia de sus condicionamientos naturales y de sus actos más instintivos: "Though torn in two / We can be one". La canción hace alusión, indirectamente, a la situación de Polonia, sumida por entonces en la ley marcial ("All is quite on New Year's Day"). El movimiento sindical Solidarność fue declarado ilegal ("A world in white gets underway") hasta que, a fines de la década, formó un partido que le ganó las elecciones al régimen comunista y contribuyó decididamente a la disolución del bloque soviético. Pero en 1983 las cosas estaban muy lejos todavía de ello. Por eso la canción termina con una estrofa dura pero realista: "Though I want to be with you / Be with you night and day / Nothing changes / On New Year's Day". Nada cambia, pero la solidaridad que subyace a esa quietud, ella sí crece y puede romper las cadenas.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Género musical y tipos de personalidad (untying the tied)



El trabajo científico avanza fundamentalmente sobre la base de las síntesis que los científicos realizan. Todos los datos de la percepción se ofrecen al entendimiento a través de numerosas síntesis, la mayoría de ellas indeterminables. Y una hipótesis es una síntesis que debe ser comprobada a través de la experiencia (con otra síntesis), asociando experiencias repetidas (síntesis a su vez), en busca de una regularidad que pueda ser tenida por objetiva. El problema está, como afirmaba Platón, cuando se separa lo que debe permanecer unido y cuando se une lo que debe permanecer separado. Por ello es necesaria la crítica (κρὶνω), el discernimiento que le es constitutivo a la filosofía.

El psicólogo Adrian North, de la Heriot-Watt University de Edinburgo, Escocia, ha llevado adelante una investigación* para determinar el vínculo entre preferencias de estilos musicales y tipos de personalidad. Su base es la encuesta que ha aplicado en tres años a unas 36 mil personas en más de 60 países. Entre sus resultados destaca que:

  • Tienen alta autoestima los fans del blues, del jazz, de la música académica (clásica), del rap, de la ópera, del reggae, del chart pop y del soul. Tienen baja autoestima, en cambio, los fans de la música indie, del rock y del heavy metal.
  • Son creativos los fans del blues, del jazz, de la música académica, de la ópera, del reggae, del dance, de la música indie, del rock, del heavy metal y del soul. No lo son los fans del chart pop.
  • Son trabajadores los fans del country, del western y del chart pop, pero no los fans del reggae, de la música indie, del rock ni del heavy metal.
  • Y por algunos otros motivos desconocidos los fans del blues, del soul y del reggae serían extravertidos, amables y desenvueltos; los del jazz sólo extravertidos y desenvueltos, mientras que los de música académica serían intravertidos y desenvueltos. Los fans del rap serían sólo extravertidos, como los del country y del western, y los de ópera sólo amables. Por su parte, los fans del dance serían extravertidos mas no amables, y a quienes les gusta escuchar música indie tampoco serían amables. Los que escuchan chart pop son extravertidos y amables pero no desenvueltos. Y los fans del rock y del heavy metal no son extravertidos, pero sí amables y desenvueltos.

North acierta cuando observa que, popularmente, "teníamos el sentido de que la gente selecciona gustos en estilos musicales que encajan con sus propias personalidades". El problema es que North cree que tanto la constitución de la personalidad como esa "selección" es diáfana y fácilmente objetivable; algo que no puede ser así desde el hecho mismo de escapar la atención, las asociaciones y la memoria involucradas al dominio de lo estrictamente consciente y también al de la voluntad. Lo que se va uniendo en la historia personal desde los seis meses de embarazo, que es cuando se empieza a escuchar sonidos, no puede ser separado de esta manera.

Por otro lado, el enfoque estadístico es meramente aproximativo. Esto significa que no debe de perderse de vista su generalidad. Aun cuando su tasa de predictibilidad pudiera ser alta, como en las encuestas electorales, eso en nada supera sus dos principales limitaciones: la primera, que ellas no pueden contener eficazmente lo que es materia de deliberación, por cuanto objetivan y simplifican opiniones a las que, además, desproveen de crítica, es decir, de discernimiento; y, la segunda, que trasladan lo que corresponde al orden fenoménico de la conciencia subjetiva al mero consenso (a la "psicología social"); esto es, a la casualidad de los apareceres, carente igualmente de discernimiento. Lo primero hace que lo que la prensa llama "opinión pública" no sea tal; no al menos en el sentido en que Aristóteles concebía la deliberación pública. Lo segundo es lo que se da detrás de los prejuicios que inundan las investigaciones pseudocientíficas.

Adrian North ha señalado que le interesa descubrir por qué la música es una parte tan importante en la identidad de las personas, pero su investigación no desarrolla análisis alguno de la constitución de la identidad, sino que la entifica en determinados tipos psicológicos, que están además dudosamente caracterizados. Afirma que "no sabíamos con detalle cómo la música está conectada con la identidad". Después de su investigación, seguimos sin saberlo. Evidentemente hay una relación entre los gustos y la personalidad, pero las dos únicas cosas que pueden ser determinadas a ese respecto son: 1) la relación entre libertad escéptica y amplitud del gusto, y 2) que esa relación se da por cuanto la música que se acostumbra escuchar se sedimenta en la memoria de manera conjunta a la constitución del yo, pero incluso desde instancias pre-egológicas y pre-conscientes. Las relaciones planas y directas, presuntamente apodícticas, que North plantea, son imposibles de determinar. Y además de imposible es innecesario e indeseable.

Me temo que el señor North ha perdido tres años y probablemente siga perdiendo otros tantos en una investigación desencaminada. El psicologismo tendrá éxito en los dominios inmediatos de la prensa, mas no en los más duraderos del pensamiento y de la comprensión acertada de la percepción musical.




_______________________________
* North, Adrian C. y D. J. Hargreaves, The social and applied psychology of music, Oxford: Oxford University Press, 2008. North, Adrian C., L. Desborough y L. Skarstein, "Musical preference, deviance, and attitudes towards celebrities", en: Personality and Individual Differences, Vol. 38, 2005, pp. 1903-1914.

martes, 8 de febrero de 2011

¿Adorno o Jobim? Felicidad de carnaval y nueva filosofía de la música (en torno a una pregunta retórica y un diálogo aporético)



Está de moda ensayar estéticas musicales contemporáneas a partir de las obras de Theodor W. Adorno. Un profesor me dice que en lugar de lo que hago debería basarme en su Filosofía de la nueva música. Eso es lo sensato. No entiende por qué me niego a hacer tal cosa y lo toma como arrogancia de mi parte. Le explico, por segunda vez, por qué me interesa partir de Kant (aunque haya escrito tan poco sobre música) y no de Adorno. Parece entenderme, pero insiste en que el modo responsable de abordar filosóficamente la música es como Adorno lo hizo; yo debería seguir esa línea, como lo está haciendo algún individuo por ahí cerca. (Silencio)... Comprendo entonces que su lectura de Kant está demasiado marcada por sus intereses (más de lo que es conveniente) y carece de la necesaria "buena fe" del exégeta, no por falta de agudeza, que la tiene, sino porque -para él- Kant y Nietzsche son finalmente apéndices del sistema hegeliano. Comprendo entonces que todo está dicho. La estética de Adorno no representa problema alguno para un hegeliano, evidentemente, pero sí para quien cree en una estética musical que no pretenda saltar ilegítimamente los límites de la razón humana, como alegremente hacen los idealistas.

Es un poco extenuante no tener interlocutores filosóficos, pero también es un alivio. Los músicos y la gente (profesores de filosofía inclusive) interesada en música pero que no ha leído absolutamente nada de Adorno ni desea hacerlo, son los mejores interlocutores que puedo tener. Es curioso. Uno, que se empecina modestamente en una estética vitalista, esperaría las mejores contradicciones de parte de los estudiosos idealistas, pero no es así. Un joven recién ingresado a la universidad es un interlocutor mil veces más sugerente. Parece que leer (devotamente) a Adorno es inversamente proporcional a saber escuchar música, ya se trate de los últimos cuartetos de Beethoven o de los primeros álbumes de la Fania All Stars.

Un amigo me dice que lo único que no comparte con Adorno es su gusto musical. En mi caso, el único gusto que le objetaría a Adorno es la espantosa Hammerklavier de Beethoven. No, no es para mí una cuestión de gustos, sino de principios epistemológicos. No pretendo convencer a la gente de que los míos son mejores que los de él, pero si creo firmemente en ellos es porque en efecto juzgo que la apreciación de la música se enriquece y se desprejuicia considerablemente, sobre todo en lo que respecta a la música popular - aquella que no ha roto, como quería Adorno, con la estructura armónica de la música tonal y que no rechaza en absoluto la sensualidad melódica.

Para no insistir con el jazz (que ya sabemos que Adorno despreciaba), pongamos como ejemplo al bossa nova y a un tema en particular: "A felicidade" de Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes.




- ¿Qué opinas, Theodor, de esta música?
- Si el jazz ya era malo, esto es pésimo. No quiero decir que este género debiera ser censurado, pero sí criticado severamente para impedir que adormezca más a las conciencias con su presunta novedad.
- Bossa nova...
- ¿Qué tiene de nuevo? En lo fundamental, su ritmo hace más superficiales aun las "disonancias" del jazz, de modo que se hace una música más digerible. Y mantiene la misma estructura formal en consonancia con la estructura económica que le dio origen y que la hizo "necesaria". Lo que agrada al oído, malacostumbra y pervierte a la inteligencia.
- ¿Sabes que tu opinión es sumamente impopular?
- Desde luego, pero estarás de acuerdo en que la opinión popular es fácilmente maleable con un poco de propaganda.
- Veo que en muchos casos así es. Goebbels, Kruschev, nuestra prensa política...
- Y si eso es posible, ¿no es acaso porque el gusto popular, si se trata de una masa acrítica, se guía ingenuamente por su sensualidad "irracional"?
- Seguramente, aunque me inquieta la univocidad a la que apuntas con lo de "ingenuamente".
- No te inquietes. Convendrás antes conmigo en que nosotros, filósofos, podemos darnos cuenta de esa situación, y en esa medida no nos "dejamos llevar" por el goce sensible, por el pathos, sino que en ese preciso acto ejercemos nuestra razón negativamente.
- Convengo contigo en eso, pero no sé bien lo que quieres deducir de esa negatividad que es la razón.
- A eso vamos. ¿Aceptarás que es deber del filósofo mantener entonces la división entre lo sensible y lo inteligible? No al modo de las ideas platónicas, por cierto, pero sí al de las condiciones sociales que han hecho posible esa música.
- Eso lo puede advertir un sociólogo.
- Es cierto. Los límites entre la filosofía y la sociología de la música se hacen aquí un tanto difusos, pero entrar a eso nos desviaría del tema.
- No mientras tú pretendas defender una prerrogativa filosófica en la que sin embargo un sociólogo puede desenvolverse con suficiente competencia. Es posible otra aproximación más propiamente filosófica, ¿sabes? Además, colocas a la música en el mismo plano de la realidad social; por eso un sociólogo -con su hambre de ciencia- acepta de buen grado tus premisas. No obstante, yo veo allí mucha confusión. ¿No es la misma distinción una constatación de que la experiencia estética está a un nivel distinto?
- Bien, todo eso es discutible, pero digamos entonces que se trata de una distinción epistemológica. ¿Estás de acuerdo al menos con esto?
- ¿Podría no estarlo?
- No sin que este mismo diálogo te contradijese, pero me alegra que lo reconozcas. Vayamos pues a lo que nos interesa: el bossa nova.
- Sí, es preciso.
- Ambos sabemos que el bossa nova se originó a partir de la samba.
- Así es.
- Y sus creadores eran músicos de clase media que querían una música más serena, menos "callejera".
- Nuevamente el sociólogo...
- Muy bien, muy bien, sólo quería mencionarlo.
- Donde tú ves la afirmación de una clase socioeconómica a través de una música alienante, yo sólo veo la necesidad de un goce sensible más sereno e íntimo que el de la samba.
- Necesidad de una música que adormezca...
- ¡La música toda es adormecedora! ¿No partíamos ya de que nosotros, al referirnos así a ella, lo hacemos desde un suelo distinto? ¡Es ilegítimo entonces pretender que la música no sea aquello que es!
- ¿Goce sensible?
- ¡Exacto! Y, con todo, el bossa nova no sólo se hizo popular en una clase determinada; cruzó todas ellas y la gente que bailaba samba de pronto quiso escuchar también bossa nova. Una popularidad así jamás la pudieron siquiera soñar tus revolucionarios músicos atonales, que no abandonaron su clase ni sus círculos cultos.
- Asumamos, como dices, que la música sólo sea "goce sensible".
- Yo no estoy diciendo que sólo sea eso...
- Pero sí que eso es lo fundamental en ella.
- Así es.
- Asumamos, pues, que así fuera.
- Asumámoslo.
- Bien pronto entramos en una contradicción que de seguro te será evidente.
- Dímela, por favor, que tu mirada es más profunda que la mía.
- Te dejaste llevar por la melodía de Jobim, ¿verdad?
- Desde luego.
- En este momento, ¿eres consciente de ello?
- De no serlo, ¿te habría contestado lo anterior?
- Ahora bien, ¿no significa eso que reconoces (ahora) las cadenas; es decir, la forma como tan sutilmente te ató a ella?
- Así lo creo.
- Y no me negarás, supongo, que esta forma que reconoces ahora es la misma de aquella canción que escuchamos hace unos minutos.
- Haces bien en suponerlo, aunque...
- Te pido no traer a colación al "Oscuro".
- No puedo evitarlo, pues lo que supones como "lo mismo" no puedes efectivamente conocerlo como "lo mismo".
- De cualquier modo, es necesario suponer una regularidad.
- Tú lo has dicho.
- Si recuerdas lo escuchado, entonces, te verás como alguien que ingenuamente se dejó llevar por el pathos del bossa nova, pudiendo no hacerlo, o pudiendo también dejarse llevar de otra manera o por otra música.
- Te concedo, si eso quieres, que reconozco haber estado felizmente engañado en eikasía, y que ahora, que estoy en pistis, me siento un tanto desengañado pero igualmente feliz. No estaría en esto de la filosofía si fuese de la opinión que no hay sino un segmento, el de la eikasía.
- De acuerdo. No obstante, creo que no te valoras con justicia, pues al tomar conciencia de la forma musical no estás tan sólo reconociendo una naturaleza sonora (física), sino la "razón de ser" de esos sonidos articulados en determinado orden, una naturaleza matemática en un estado consciente de ella. Dejemos al nous de lado, pero el uso de la razón, sin la cual no hay algo que podamos llamar propiamente musical, te ha conducido ya al ámbito de la episteme.
- Te entiendo bien, apreciado Theodor, pero no puedo estar de acuerdo con la univocidad con que te sirves de los términos "razón" y, sobre todo, "conciencia". No te ofendas, por favor, pero la fenomenología hegeliana no es una buena aliada cuando se quiere pensar en la música como la experiencia fenoménica que es y no como un orden inteligible que -aun concediéndote que fuese su "esencia"- en el orden de la experiencia misma es necesariamente una atribución posterior. Yo me he propuesto permanecer fiel a esa experiencia.
- Pero valoras más el conocer la forma, la armonía, para poder juzgar sobre una música...
- Te equivocas. A mi juicio, la experiencia de quien conoce con lujo de detalles la armonía de lo que está escuchando, es una más entre otras. Con ello no niego que haya música más dispuesta al entendimiento que al goce -la atonal, por ejemplo-, pero yo mismo prefiero a veces no saber nada respecto a esas composiciones y disfrutar simplemente con aquella sensibilidad que tú llamas ingenua. La conciencia que puedo después tener de ella me es insuficiente para el goce que a veces necesito. Tú juzgas que los suelos de dicha conciencia son sólidos y le permiten anticiparse. Yo veo ahí pura nube, puro vapor. La cuestión fundamental es para ti que "todo lo real es racional". Todo lo inviertes y la significación, que es enteramente posterior y -digamos- "extramusical", la colocas antes de la experiencia auditiva y afirmas incluso que es la esencia de la música.
- Toda música sigue razones. Si esto fuese falso no podríamos pensar en ellas y verlas en la base de toda composición musical.
- Lo que tú llamas razón, yo lo juzgo más complejo. Y creo que los músicos se dan cuenta de ello también. Pregúntale si no a Jimi Hendrix si hacía uso de su "razón" cuando improvisaba sobre el escenario.
- ¿A quién?
- Lo que quiero decir es que tú no puedes evitar el prejuicio sobre la percepción "ingenua". Yo creo tomarla tal como ella se da, respondiendo no a razones matematizables, sino únicamente a la posibilidad humana de escuchar y entender lo que se escucha como música. Hablo por ello de entendimiento y no de razón.
- Apreciado Arturo, te veo caer sin remedio en las sutilezas de la jerga kantiana, aquella con la cual el hombre ilustrado encubre su uso del arte como propaganda para un status quo alienante. Bajo la aparente libertad del gusto, se ocultan bien las cadenas de un sistema que valora a los individuos en la medida en que estos le sirvan para perpetuarse. La pregunta de Kennedy (¿qué puedes hacer tú por tu país?) se replantea en los términos del goce burgués como: "¿qué puedes hacer tú por el capital?".
- ¿Te parece ver eso en el bossa nova?
- ¡Desde luego! Y el tema que has escogido me permite ilustrarlo también en la letra del señor de Moraes. Los primeros versos:

Tristeza, no tiene fin.
Felicidad, sí.

no hacen sino justificar una condición social opresiva presentándola como si fuese una condición natural, ineludible, invariable, metafísica. Y por si ello no fuese de suyo evidente, la letra sigue:

La felicidad del pobre parece
La gran ilusión del Carnaval.
La gente trabaja el año entero
Por un momento de sueño, para realizar la fantasía
De rey o de pirata o de jardinera.
Para que todo se acabe el miércoles.

El carnaval, que era toda la felicidad que la Iglesia le permitía sin condena al pobre que creía en su poder,  tiene aquí el mismo uso, aunque simbólico. ¿Debemos aceptar nuestros sufrimientos con tal que nos permitan tener nuestros pequeños carnavales?
- En lo que a mí concierne, la felicidad es así de pasajera. Pero más allá de ello, yo veo tan sólo una experiencia auténtica, un sentimiento "real" dentro de la canción misma, con sus riesgos, ciertamente, pero una experiencia válida desde el mismo momento en que es tal.
- Esa "autonomía" del arte es para mí la justificación del salvajismo alienante en contra de una conciencia liberadora.
- Menosprecias la bondad de la alienación.
- ¿Cómo es eso posible?
- ¿Amar no es acaso alienarse gozosamente?
- Pero eso es distinto...
- ¿Cómo es eso posible?
- Tengo la impresión que no nos estamos entendiendo.
- Yo, más bien, creo que nos estamos entendiendo demasiado bien y ese es precisamente el problema.
- A lo mejor en otro momento estés más dispuesto a seguir este diálogo.
- ¿Por qué no?
- Claro. Olvidaba que tú, escéptico, nada quieres afirmar con certeza.
- Pero sí niego, y especialmente tu negatividad.
- Eso quiere decir...
- Eso quiere decir que seguramente habremos de encontrarnos, porque respondemos a dos impulsos que se requieren mutuamente. Si así no fuera, ni tú ni yo haríamos filosofía de la música.
- Que así sea, entonces.


Theodor Adorno coge su periódico y se va. Yo me pongo los audífonos y sigo leyendo a Merleau-Ponty.

jueves, 30 de julio de 2009

Entender la música (Kant y la condición humana - Antropología músical)


Miles Davis Quintet, "It never entered my mind", en: Walkin' (JVC, 1954).

Se dice comúnmente que los animales y las plantas reaccionan favorablemente a la música bella (entendiendo por ésta a la más carente de disonancias) y se traslada eso al hombre queriendo demostrar el rol terapéutico de la misma. Se dice también que los ángeles entonan en honor de Dios bellísimas melodías que el hombre sólo podría percibir con un arrebato místico de los sentidos. Se dicen muchas cosas. El problema es que comúnmente se cree sin reparos en cosas que no resisten el menor rigor conceptual. De allí la importancia teórica y práctica de la filosofía crítica. Su misión fundamental es la de aclarar los entuertos en los que se coloca la propia razón humana respecto de sus conceptos y categorías.

En este caso lo que importa analizar es si la percepción del hombre es igual a la de los animales y a la de los espíritus puros como para realizar dichas transposiciones sin problema alguno. De este modo se respondería además a dos preguntas importantes: ¿Qué significa entender la música?, y ¿quién está facultado para entenderla?

En medio de su distinción entre lo agradable, lo bello y lo bueno (Crítica de la facultad de juzgar, § 5), Kant señala que estas expresiones, todas referidas a la complacencia, no son sin embargo iguales; y entonces define:
- Como agradable – lo que deleita.
- Como bello – lo que simplemente place.
- Y como bueno – lo que es estimado o aprobado.
Esta tríada se corresponde con las tres instancias que interactúan, según Kant, en la condición humana:
- Sensibilidad,
- Entendimiento y
- Razón.
Si la consabida definición aristotélica según género próximo y diferencia específica nos decía que el hombre es un “animal racional”, con ello no se distanciaba especialmente de la disyuntiva idealista entre sensibilidad y razón, dentro de la cual lo propio del hombre, en tanto poseedor de logos, es justamente lo racional, y por lo cual es la razón, con todos sus contenidos conceptuales, la que debe guiar sus acciones y orientarlo hacia su origen en la divinidad que es logos puro… etc. En cambio, Kant prefiere introducir una instancia intermedia –el entendimiento– y destacarla como lo característico del hombre, de todo hombre. Ni la sensibilidad, que comparte con los animales, ni la razón, que bien pudieran tener los espíritus, caracterizan al hombre aunque formen parte de lo que éste es. Lo único que puede entonces atribuírsele con certeza es el carácter formal de su conocimiento. En el caso de la música: su capacidad para entenderla, que es lo que corresponde al juicio de gusto, y eso se refiere específicamente a todos los aspectos relacionados con la composición en sí. No se refiere el filósofo crítico a algún contenido específico, que pudieran ser tan diversos como subjetivos, sino a la capacidad misma para percibir unos sonidos, asignarles inmediatamente un orden (algo meramente formal) que los haga ser captados como música, y juzgar si son bellos o no (pero sin someterlos a concepto alguno).

Esto tiene consecuencias importantes sobre el idealismo musical. El idealista sostiene que la música no puede reducirse al goce sensible porque con ello se desconocen las estructuras y categorías sobre las cuales toda música es creada. Ese es, por ejemplo, el núcleo de la crítica de Adorno a la improvisación en el jazz: todo lo musical está necesariamente sometido a conceptos. No aceptar ese sustrato racional es para el idealista ser un ignorante o un embustero, incluso desde Platón mismo, para quien, en consecuencia, si el origen está en la unidad, es por necesidad que lo bello deba unirse a lo bueno. Lo estético, lo sensible, debe ser asumido en función de lo racionalmente bueno, como él hace con la música apolínea en República. Para Kant, dicho sometimiento implica un salto ilegítimo de la razón – una proyección exagerada, así como exagerado es pretender también una intuición intelectual.

Es entonces que, en dicho parágrafo, nuestro filósofo afirma lo siguiente:
El agrado vale también para los animales desprovistos de razón; la belleza sólo para los hombres, es decir, para seres [de naturaleza] animal y, sin embargo, racionales aunque no sencillamente como tales (espíritus, por ejemplo), sino a la vez como de índole animal; lo bueno, en cambio, para todo ser racional en general. (CFJ, § 5)
Como se ve, ni los animales ni los ángeles podrían juzgar la belleza de algo. Los animales por ser pura sensibilidad, es decir, por guiarse instintivamente sólo según su deleite. Los espíritus por carecer de toda sensibilidad y guiarse únicamente por lo racional. Los primeros, en todo caso, son expresión pura del agrado, mientras que los segundos a lo más pueden constituir un tribunal de lo bueno.

Queda claro que si los ángeles tocan una bella música, ellos no pueden saber que lo es. E incluso si se acepta que el orden divino es buena música (o buena armonía), Dios mismo no podría saber si además de buena es bella. El juicio de gusto es un privilegio humano, especialmente si se considera que la música involucra necesariamente la temporalidad y el devenir. Si se asume que Dios es eterno y atemporal, ¿qué significaría exactamente una "música de Dios"? (Ahí empiezan las especulaciones sin sentido de los mistagogos.) Por eso, por ese privilegio de la finitud humana, Hölderlin (que había leído con profundidad la Crítica de la facultad de juzgar) concluirá:
(…) Nicht vermögen
Die Himmlischen alles. Nämlich es reichen
Die Sterblichen eh’ an den Abgrund. Also wendet es sich
Mit diesen. Lang ist
Die Zeit, es ereignet sich aber
Das Wahre.

(…) No lo pueden
Todo los celestes. En efecto alcanzan
Antes los mortales el abismo. Así se vuelve [lo Uno]
Con éstos. Largo es
El tiempo, pero acaece
Lo Verdadero.

Mnemosyne, 3ra. versión, II, 1032.

En consecuencia, el poder decir que una música es bella es algo propio del hombre; sólo él está facultado para sentirla y entenderla. Pero, ¿cualquier hombre? En principio se podría suponer que ello dependerá del uso que haga cada uno con su razón y de la disposición que tenga para detenerse a analizar o estudiar las estructuras formales que hacen posible una música, lo cual siempre enriquece a una apreciación estética, pero Kant se refiere, más allá de los eventuales condicionamientos históricos, a esa disposición natural que tiene todo ser humano desde la posibilidad misma de escuchar y procesar lo que escucha. Y allí coloca por lo tanto su pretensión de universalidad. El ámbito del entendimiento se extiende desde la captación misma hasta el juicio de gusto. Su relación con la razón tiene una importante barrera: puede en efecto relacionarse la música con conceptos, pero sabiendo siempre que su fundamento no está allí sino del lado de la sensibilidad: en el oído y en el placer. De este modo logra Kant rescatar además una determinada complacencia que sería la única
complacencia desinteresada y libre, pues ningún interés, ni el de los sentidos, ni el de la razón, fuerza la aprobación. De ahí que se podría decir de la complacencia que se refiere, en los tres casos mencionados, a la inclinación, al favor y al respeto. Pues el favor es la única complacencia libre. Un objeto de la inclinación y uno que nos es impuesto para ser deseado por una ley de la razón, no nos deja libertad alguna para hacernos de él un objeto de placer [puro]. (CFJ, § 5)
Quien diga que sostener nuestro gusto en lo sensible -y no en lo racional- es volvernos como animales (nothing but mammals), en realidad no tiene la más mínima idea.

domingo, 3 de mayo de 2009

Ascolta (por estos días en Lima)

En algunos momentos este blog se vuelve más noticiosos que lo acostumbrado, ya lo sé. Lo siento por quienes pudieran esperar más, pero a veces no hay tiempo. Sin embargo, en la medida de lo posible, para no atiborrar el blog con simples noticias, aquellas sobre los próximos eventos musicales serán limitadas a una lista que aparecerá cada cierto tiempo. Eso sí, se trata sólo de los eventos que me llaman la atención (aunque no necesariamente me gusten) y de los que buenamente me entero, así que no espere un holismo noticioso.

Viernes 15 de mayo
JORGE DREXLER - CARA B
El ganador del Oscar en la categoría de Mejor Canción Original con “Al otro lado del río”, tema de la película Diarios de motocicleta, vuelve a tocar en la PUCP.
Polideportivo de la PUCP
Hora: 20:30 Entrada: S/. 30.00 Platinum: S/. 250.00 Super VIP: S/. 195.00 VIP: S/. 145.00

Sábado 16 de mayo
MUSICA CUBANA - LOS GUARACHEROS DEL PERU
Temas de poetas y compositores cubanos: José Martí, Miguel Matamoros, Reynaldo Hierrezuelo, Lorenzo Hierrezuelo, Compay Segundo, Arsenio Rodríguez, Ñico Saquito, Bienvenido Gutiérrez, entre otros. Géneros: Bolero, Son, Guajira, Chachachá, Guaracha.
Centro Cultural Ricardo Palma (Av. Larco 770, Miraflores)
Hora: 19:30 Entrada: S/. 10.00

Del 21 al 24 de mayo
FESTIVAL INTERNACIONAL JAZZ PERÚ 2009
Gabriel Alegría viene organizando este nuevo festival de jazz que, a diferencia del antes comentado, tiene una oferta más atractiva, aunque sus invitados internacionales no sean todavía todos los que se pudiese esperar. Su principal atracción este año es el pianista norteamericano Kenny Werner, que tocase en su momento con el genial Archie Shepp. Una gran ventaja de este festival es su descentralización, que este año ha incorporado auditorios en los distritos de La Victoria y San Borja, además de uno en Cusco. Su gran desventaja, el elevado costo de las entradas para el promedio de actividades de este tipo. (El Jazz Zone, su corazón, sigue siendo un espacio demasiado restrictivo económicamente.) Quizá una diversificación de precios pudiese funcionar en sus futuras versiones. Por lo demás, este festival se viene consolidando muy bien y es bastante probable y deseable que crezca aún más.

Más información en la página web de Jazz Perú Internacional.

Jueves 28 de mayo
ANDREW TOSH EN LIMA - HOMENAJE A PETER TOSH
Ya son 22 años desde que Peter Tosh, una de las voces más importantes dentro del roots reggae, fuese asesinado en la puerta de su casa. Para recordar la magnitud de su obra, tenemos la oportunidad de escuchar a su hijo, Andrew Tosh, que nos ofrecerá un concierto con sus propias canciones y sobre todo con las de su padre.
Discoteca Vocé de Lince
VIP - S/. 90.00 General - S/. 70.00

Sábado 30 de mayo
LA ESQUINA DEL TANGO PRESENTA "A MEDIA LUZ"
Bandoneón de Julio Genta y sus bailarines.
Centro Cultural Ricardo Palma (Av. Larco 770, Miraflores)
Hora: 19:29 Entrada: S/. 20.00 Jubilados: S/. 15.00

CAFÉ TACUBA
Centro de Convenciones María Angola
Hora: 20:00

Sábado 06 de junio
PABLO MILANÉS (II FESTIVAL CLARO)
Anfiteatro del Parque de la Exposición
General: S/. 45.00 VIP: S/. 220.00

viernes, 17 de abril de 2009

XIX Festival Jazz en Lima


Del 20 al 25 de abril se llevará a cabo la decimonovena edición del Festival Jazz en Lima, que todos los años es organizado por el Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) en su sede de Miraflores. La continuidad que ha tenido este evento desde hace casi dos décadas es algo digno de felicitación, tanto para el ICPNA como para los asesores artísticos que lo han venido impulsando (Carolina Aráoz, en esta ocasión). No obstante, en comparación con algunas de las anteriores ediciones, hay que reconocer que el catálogo de invitados se ha visto reducido a su mínima expresión. Esto, lejos de ser una cuestión coyuntural, parece ser más bien un problema estructural que la organización del evento está demostrando por lo menos desde el 2007, haciendo que el evento parezca volver cada vez más al reducido programa que tenía en sus inicios. De este modo, no tenemos un verdadero encuentro donde el amante peruano del Jazz (que no es necesariamente el mismo que el amante del Jazz peruano) pueda apreciar a importantes intérpretes de distintos países y culturas, a la vez que se puedan establecer puentes entre los músicos de esas latitudes y los nuestros, sino que el Festival se ha convertido practicamente en tan sólo una reunión del Jazz de Lima. Ya parecen lejanos los momentos en que se pudo apreciar en nuestra ciudad a destacados jazzistas como Bobby Shew, Ingrid Jensen, Tierney Sutton, Maria Schneider, Geoffrey Keezer, Jeff Collela, Ronald Carter, Russ Ferrante, entre otros. Sin embargo, el Festival sigue teniendo interés justamente por la exhibición del Jazz que se hace en nuestro país, el cual se nutre principalmente de la música afroperuana.

El programa de esta edición es el siguiente:
Lunes 20 : JAZZJAUS (Perú)
Martes 21 : ÓSCAR STAGNARO (Perú)
Miércoles 22 : ANDRÉS PRADO (Perú)
Jueves 23 : KEBOLÁ (Perú)
Viernes 24 : JEFFRY ECKELS TRIO (Estados Unidos / Ecuador)
Sábado 25 : JOSÉ LUIS MADUEÑO (Perú)

Conciertos: 7:30 p. m. Boletería: S/. 20
Clases maestras: 10 a. m. Ingreso libre
Auditorio ICPNA Miraflores (Av. Angamos Oeste 120)