jueves, 8 de enero de 2009

Wagnermaníacos





Richard Wagner no ha dejado nunca de estar en polémica, ya sea por su música (recuérdese el célebre fracaso de Tannhäuser en París, tras el cual Wagner renegó de todo lo francés, o también las duras críticas de Nietzsche), ya sea por su posición política en la que junto a su nacionalismo destaca su antisemitismo, o ya sea por ambas, pues al fin y al cabo el compositor de Bayreuth nunca las disoció. Por ello, Woody Allen decía que él no podía escuchar mucho a Wagner sin sentir ganas de invadir Polonia ("I can't listen to that much Wagner. I start getting the urge to conquer Poland").

La "obra de arte total" (Gesamtkunstwerk) no sólo debía unir poesía, drama, música, danza y pintura para revivir el poder del drama griego, sino que, con miras a su efecto en la cultura alemana, incluía una clara intención política; no una de menuda política coyuntural, claro está, sino de una política concebida como una redención espiritual de la nación alemana. No obstante, en esa nación no había lugar para los judíos, que eran incapaces de obtener redención en un Estado cristiano. Una justificación "musical" de eso la hallaba en su "incapacidad" de dejar de hablar con su acento: "Nos sentimos particularmente repelidos por el aspecto puramente auditivo del acento de los judíos. El contacto con nuestra cultura, aun después de dos mil años, no ha alejado a los judíos de las particularidades de la pronunciación semítica" (El judaísmo en la música). Había por tanto que eliminar todo lo judío de la sociedad y la cultura alemanas, incluyendo desde luego a músicos como Mendelssohn y Meyerbeer.

Es importante notar que no se trataba de una justificación propiamente musical o sonora, sino que detrás de ello está la inadecuación política, social y cultural del pueblo judío; argumento nacionalista que después haría suyo el nazismo. Esa extramusicalidad que impregna toda la música de Wagner -desde el hecho mismo de querer complementarla con otras artes- es su carácter ontológico fundamental. Nietzsche supo verlo así cuando escribía:
Wagner se pasó toda su vida repitiendo una frase: ¡que su música no significaba sólo música! ¡Sino más! ¡Infinitamente más!... "No sólo música": así no habla ningún músico. (...) "La música nunca es más que un medio": ésa fue su teoría, (...) durante toda su vida fue el comentador de la "Idea". (...) se inventó un estilo que "significa lo infinito"; se convirtió en el heredero de Hegel... la música como "Idea". (El caso Wagner, 10).

La extramusicalidad de Wagner consiste: 1) En que su música no se basta consigo misma, sino que requiere de otras artes. 2) Que su fin no es la mera complacencia, sino la exaltación de otros fines que dependen de ideas (busca ser educativa, reformadora, etc.); es decir, busca significar algo espiritual. 3) que requiere de una literatura explicativa ofrecida por el mismo compositor, por lo mismo que es música que, sobre todo, quiere ser comprendida.

Teniendo en cuenta esto, la "wagnermanía" podría ser sin embargo una actitud saludable si no implica abrazar ni tampoco desconocer lo extramusical de Wagner; esto es, esa concepción misma de la música que resulta por lo menos cuestionable, si no acaso deplorable. En efecto, uno puede apreciar las obras de Wagner no sólo neutralmente por su lugar en la historia de la música y su influencia, sino que además puede valorar positivamente esos elementos de vanguardia que, temporalmente al menos, le dieron un nuevo aire a la ópera, como los que se encuentran en el Preludio de Tristán e Isolda, aquél que tanto fascinó a Nietzsche, incluso tras la ruptura. Sin embargo, si no se comparte, y más aún si se desconocen aquellos presupuestos que para Wagner constituían el espíritu de su música, hay que admitir entonces que ciertamente se le está traicionando. Es cierto que, en su caso, eso es más que oportuno para tener una apreciación estética afortunada y no incurrir en desaciertos como el del director David Stern, que recientemente fue nombrado director de la Ópera de Israel y que ha decidido vetar la música de Wagner en su teatro "para no herir sensibilidades"; actitud por entero contraria a la que han tenido tantos judíos que han interpretado la música wagneriana o que la han dirigido, como Zubin Mehta y Daniel Barenboim. Pero ni a la actitud de Stern ni a su extremo opuesto nos hemos referido al hablar de una saludable "wagnermanía".

Wagnermanía es más bien una muy completa y bien organizada página web española (natural de Zaragoza) dedicada a la difusión de las obras wagnerianas, de sus representaciones y ejecutantes, de sus grabaciones, de sus análisis y de las publicaciones sobre ellas. La página es completada con datos biográficos, una imponente base de datos de todos los festivales de Bayreuth, encuestas, noticias actualizadas, entrevistas, un foro de debate y un chat para sus participantes, entre otros detalles. Se trata de una fuente de información que todo aquel interesado en la música de Wagner sabrá apreciar, sea o no un wagneriano, sea o no un "wagnermaníaco".


Wagner se procuró la construcción del teatro de Bayreuth para poder controlar plenamente la ejecución de sus obras y para concentrar al círculo de sus amigos. Actualmente, conseguir una entrada a uno de sus festivales puede tomar una espera de unos siete u ocho años.

2 comentarios:

  1. Señor Arturo Rivas:

    Felicitaciones por este artículo y por su blog en general. Queríamos comunicarle que lo hemos agregado al blogroll de Intercambio Filosófico (IF). Le sugerimos que mantenga actualizada su bitácora, con nuevos posts. Esto provocaría que, cada vez que realice esto, automáticamente encabece dicho blogroll.

    Aportes como el suyo son necesarios para el desarrollo de la actividad filosófica y académica en el Perú. Siga adelante.

    Atentamente

    FRANCISCO RAMOS
    Moderador de IF

    PD: El email de IF es intercambiofilosofico@gmail.com.

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  2. Mi estimado Arturo: Saludo este nuevo espacio, de hecho voy a tenerlo en cuenta para soportes teóricos y disfrutes ontológicos que es lo que comunmente me generas. UN ABRAZO.

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