sábado, 30 de enero de 2010

Cuando a Husserl le zumbaba el oído... (I)


Cuando a Husserl le zumbaba el oído, pensaba en el sentido fundamental de la distinción entre objetividad y subjetividad en relación con los sonidos. Esto quiere decir que, gracias a dichos zumbidos, contamos con las observaciones más cercanas que el filósofo nos ha dejado en la línea de una fenomenología de la percepción musical.

El pasaje al que hago referencia se ubica en Ideas II (Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Libro segundo: Investigaciones fenomenológicas sobre la constitución, p. 149). Dentro del tercer capítulo de la sección segunda, dedicado a la "Constitución de la realidad anímica a través del cuerpo", Husserl reflexiona sobre la constitución de nuestra corporalidad, que forma parte de nuestra naturaleza "animal", en tanto portadora de sensaciones localizadas (las que él llama "ubiestesias"). El término mismo (del alemán arcaico Empfindniss, al que Husserl da un sentido específico) nos conduce a la cuestión central: ¿dónde están localizadas las sensaciones? A nosotros, herederos indiscutibles de Kant, la respuesta puede parecernos obvia: en el dominio de nuestra subjetividad, sin duda. Pero con esta respuesta no hemos resuelto satisfactoriamente la inquietud de la pregunta.

El límite puesto por Kant en torno a la finitud de la razón humana es importante y debe ser mantenido (o incluso radicalizado). Kierkegaard se encontraba en la misma línea (véase el post sobre ambos que publiqué hace un tiempo). Vemos una vaca, tocamos a la vaca, pero es iluso pensar que hemos conocido el objeto-en-sí, e incluso que el término "vaca" (o "cow", o "vache", o "Kuh"...) le pertenezca al objeto mismo. De igual manera, cuando escuchamos el mugido de esa vaca, ¿qué es ese sonido sin nuestro oído? Y, sin embargo, otra persona al lado nuestro también escucha el mugido (aun cuando pueda decirse que no es el mismo mugido). Y, sin embargo, el mugido habría sido emitido y tendría un flujo en el espacio físico aunque seamos sordos o simplemente no lo escuchemos. Lo mismo vale para distinguir un sonido real de uno sólo imaginado (una alucinación, a pesar de que estas también pueden ser colectivas). El tema es pues más complejo de lo que pudiese parecer, y justamente una tarea fundamental de la filosofía, y de la fenomenología como filosofía, es ahondar en esas complejidades y sacarlas a la intemperie.

El caso es que Kant tampoco cae en un subjetivismo atómico. Quiere discernir el sentido de esa
cierta objetividad o condición real que se le puede atribuir a la experiencia estética y a la artística dentro de ella. Kierkegaard está más bien interesado en subrayar la profundidad de la espiritualidad dentro del ámbito de lo estético (lo más material o carnal); esto es, la interioridad radical de lo religioso. Kant se previene mejor del dogmatismo y de la mistagogia (el uso del término es suyo) a la que ese tipo de intereses suelen conducir, a la vez que nos orienta, aunque sin mayores detalles, en el camino de una mirada fenomenológica de nuestras experiencias y nuestro conocimiento sobre el arte. Si bien las observaciones de Kant tienen una gran utilidad práctica en lo referido al oído y a la música (tal como he querido demostrar en otras ocasiones), las de Husserl pueden ayudarnos a esclarecer más aún una serie de asuntos; especialmente el de la objetividad.

La fenomenología de Husserl se ubica ciertamente en el terreno de la subjetividad. Parte del giro kantiano y eso le garantiza, en principio al menos, no caer en idealismos respecto a nuestras experiencias sensibles. Además, y en eso pretende superar también a Kant, quiere evitar abstracciones meramente formales o imaginarias (por ejemplo, si pensamos en música, el tema de Platón con el canto de las sirenas) y volver la mirada filosófica a las cosas mismas, al mundo de la vida. Es pues en relación con la constitución del yo que le interesa detenerse en la apercepción que se puede tener del propio cuerpo y de las sensaciones que tienen "lugar" en él. Aunque se concentra en el tacto y en la visión, aborda el sentido del oído por cierta analogía con este último, y allí es donde podemos tomarle el hilo.

Husserl hace mención del oído porque quiere destacar que en su caso no tiene en absoluto dichas ubiestesias:
De igual modo sucede con el OÍR. El oído "concurre", pero el sonido sentido no está localizado en el oído. (Aquí no hay que excluir ni siquiera el caso del "zumbido del oído" y sonidos similares que se hallan en el oído. Éstos residen en el oído como los sonidos de violín residen afuera, en el espacio; pero no tienen por ello todavía el carácter peculiar de ubiestesias y la localización que le es peculiar a estas.

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