domingo, 10 de mayo de 2009

¿Amo o no a la Maga?


"Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico".


Ella apareció de pronto en su vida. Él la hizo suya como un regalo del destino. Todo lo demás no parecía importar entre ellos. Adoraba verla cuando menos la esperaba y con un libro entre las manos; algún día sería uno de los suyos. Había algo demasiado atractivo en ella, quizá su espontaneidad o su misterio, pero de todas maneras su mirada y su sonrisa. "Andábamos sin buscarnos", pensaron ambos, "pero sabiendo que andábamos para encontrarnos".

Ella era su inocencia, su sinceridad, sus confusiones. Él se divertía mucho estando con ella. Ella era su curiosidad, sus asombros, su vitalidad. ¿Acaso él no la amaba? ¿Por qué no se lo dice o por qué no nos lo recuerda a cada instante? ¿Es que su presencia no lo marcó realmente? ¿O es que, como diría Sabines, cuando le decía "es tarde", en realidad le estaba diciendo "te quiero"? El amor a veces necesita alimentarse de largas frases de silencio, y a veces también necesita expresar ciertos resabios de tristeza o de desamor.

Lo único seguro es que un "cielo" sin la Maga, no sería un cielo ni una rayuela. En aquellas tardes inmejorables en París ella le preguntaba quizá: "¿en qué piensas?", mientras que él, con la mente casi en blanco, sólo contemplaba su belleza. Como fuese, él se convirtió en un pedazo de su pasado y...

Y de pronto no quiero dejarlo todo al azar. Fue bello y bueno cuando así lo hicimos pero yo no quiero tener que escribirle después de años preguntándole si se acuerda de mí, del largo, flaco, feo y aburrido compañero que coleccionaba sus recuerdos, o mandándole saludos a su hija... Quiero que esté en cada instante, que siga en mi aquí y ahora, que me lea en persona las cartas que nunca habrá de escribirme... Entonces yo le leeré todas las páginas que llevan su aroma y...

Supongo que sí amo a la Maga, pero no lo sé de cierto.

martes, 5 de mayo de 2009

The Sceptics just wanna have fun... Sexto Empírico contra el idealismo musical (o "¡Pitágoras, deja en paz a los borrachos!")


Sextus Empiricus
En términos generales, hay que esperar hasta la modernidad -en cierto sentido hasta el empirismo, en otro hasta Kant, y sobre todo hasta Schopenhauer y Nietzsche- para encontrarse con un desarrollo de la autonomía y preponderancia de la música en tanto expresión, contra toda idealización dogmática de la misma, ya sea para considerarla valiosa por no ser sólo divertimento sino además conocimiento (gnosis), y estar entonces al servicio de éste, o sea para desacreditarla por su inutilidad a partir de desacreditar los presupuestos idealistas (que es el error en el que caen los empiristas). Y sin embargo, hay una voz solitaria que anticipa notablemente esta crítica del idealismo musical en Grecia. Se trata de Sexto Empírico, escéptico pirrónico que, dentro de su refutación del dogmatismo de los matemáticos, dedicó un libro contra los músicos, entendiendo por estos a quienes, como los gramáticos, le dan certeza objetiva a sus indagaciones sobre "la melodía, las notas, la creación de ritmos y cosas parecidas".

El núcleo de la crítica escéptica está en la contraposición de posiciones dogmáticas, mostrando el igual valor de ambas y por consiguiente la aporía (falta de camino), para luego suspender el juicio (hacer epoché) sobre aquellas cuestiones que no pueden ser definidas objetivamente y que dichas posiciones tienen como presupuestos. En el caso de la música, Sexto Empírico empieza por distinguir tres sentidos del término mousiké: el primero es de la ciencia armónica antes mencionada, el segundo es el de la práctica musical misma, y el tercero es el de toda inspiración proveniente de las Musas. Al tercero lo descalifica en una línea por ser un uso común pero excesivo. Al segundo lo deja intacto - y es mi interpretación que justamente porque trata de protegerlo de los otros dos. Y el primero es el que representa las dos posiciones dogmáticas que, según él, se puede tener sobre la música.

La primera posición dogmática es la de Pitágoras y Platón, que caracteriza en estos términos:
(...) Vayamos por orden y comencemos en primer lugar con las afirmaciones que la mayoría acostumbra repetir en defensa de la música. Y bien, si hemos aceptado la filosofía –dicen– como una moderadora de la vida humana y calmante de las afecciones del espíritu, con mucha más razón aceptaremos la música, que dictándonos sus órdenes no por la fuerza sino con ayuda de cierta seducción persuasiva consigue los mismo resultados que la filosofía. Y así Pitágoras, observando en cierta ocasión a unos muchachos en estado de báquica exaltación a causa de la ebriedad y que en nada se diferenciaban de los locos, aconsejó al clarinetista que les acompañaba en el festejo que les tocara la melodía de las libaciones; y cuando éste hizo lo que le mandaba los muchachos cambiaron repentinamente y adoptaron un aire tranquilo, como si hubieran estado sobrios desde el principio. Y los espartanos, hegemónicos en Grecia y célebres por su valentía, hacían siempre la guerra a las órdenes de la música. Y quienes siguieron los consejos de Solón formaban sus filas al son del clarinete y de la lira, haciendo rítmicos los movimientos de armas.

(...) Y los que han descollado en filosofía, por ejemplo Platón, dicen que el sabio es parecido al músico porque tiene su alma «en armonía».

(...) Y si la poesía es de utilidad para la vida y resulta que la música la adorna aportando melodías y haciéndola susceptible de ser cantada, la música resultará ser de utilidad. (...) Y en general la música no sólo es fuente de placer, sino que también se escucha en los himnos, en las festividades y en los sacrificios a los dioses; y por ello despierta en el espíritu el celo por el bien.
La réplica del escéptico no es menos elocuente:
(...) a ello se replica en primer lugar que no se puede conceder de antemano que algunas melodías tengan por naturaleza el efecto de exaltar el alma y otras de calmarla, pues es nuestra opinión las que las convierte en tales. En efecto, así como el ruido del trueno, según dicen los epicúreos, no señala la aparición de dios alguno –aunque tal es lo que suponen los ignorantes y supersticiosos–, puesto que un ruido similar se produce cuando otros cuerpos entrechocan de igual manera, como la rueda del molino cuando gira o las manos al aplaudir ruidosamente, del mismo modo las melodías musicales no son por naturaleza tales o cuales, sino que somos nosotros los que las suponemos así o asá. Y en efecto una misma melodía excita a los caballos pero en absoluto a las personas que la escuchan en el teatro; y quizá a los caballos más que excitarlos lo que consigue es perturbarlos.

Además, aún en el caso de que las melodías musicales sean como se supone, no por ello ha de ser la música de utilidad en la vida. Y es que la música no apacigua el espíritu porque tenga una facultad moderadora [en sí misma], sino porque tiene la de distraer; por lo cual, una vez que tales melodías se han acallado, el espíritu, que no ha sido curado por ellas, retorna de nuevo a su disposición original. Y así como el sueño o el vino no extirpan la aflicción sino que la suspenden momentáneamente, produciendo somnolencia, relajación y olvido, del mismo modo una cierta melodía no calma el alma afligida o el espíritu agitado por la cólera sino que en el mejor de los casos los distrae. Y en cuanto a Pitágoras, en primer lugar era un necio por pretender moderar a gentes ebrias en el momento inoportuno, en vez de irse por donde había venido; además, corrigiendo de esa forma está reconociendo que los clarinetistas tienen más poder que los filósofos para la mejora de las costumbres. Y el hecho de que los espartanos hagan la guerra al son de clarinetes y flautas es una prueba de lo que hemos dicho hace poco, pero no de que la música sea de utilidad para la vida. Y así como los que llevan fardos pesados, reman o ejecutan algún otro trabajo fatigoso se marcan el compás para distraer su mente del sufrimiento que les causa la tarea, del mismo modo quienes se sirven de clarinetes o trompetas en las batallas no han recurrido a ello porque la melodía tenga cierto efecto excitante en el espíritu y produzca un coraje varonil, sino por afán de distraerse a sí mismos de la ansiedad y la turbación, sobre todo cuando algunos bárbaros van a la guerra haciendo sonar conchas a modo de trompetas y tocando tambores; pero nada de esto les incita a la valentía.

(...) Y desde luego aunque Platón admitió la música, tampoco por ello hay que decir que contribuya a la felicidad, puesto que gentes que merecen una confianza no inferior, como Epicuro, han negado tal pretensión, diciendo por el contrario que la música es inconveniente y “perezosa, aficionada al vino, negligente con los bienes”.
Lo primero sobre lo que hay que llamar la atención aquí es que el fin de la música para el escéptico es clara e indiscutiblemente el divertimento (piénsese en la misma concepción por parte de Kant -el goce estético- y de Kierkegaard -el placer sensual-), alejarnos del dolor y del aburrimiento (piénsese en Schopenhauer) y de todo aquello que nos aleja del goce vital (piénsese en Nietzsche).

Lo segundo, más allá de las acrobacias de Platón y del sobrio importunismo de Pitágoras, es que, en general, estas defensas idealistas de la música como ciencia terminan afectando o por lo menos descuidando a la práctica musical misma, como lo demuestra precisamente la oposición de la otra postura dogmática, la que Sexto identifica con Epicuro y su escuela, que al oponerse en su sensismo a los principios matemáticos de los primeros terminan por desacreditar a la música toda, como si no fuese posible separarla de los presupuestos que se le quiere imputar, y cayendo a final de cuentas en el mismo error. Frente a ellos, la postura escéptica suspende el juicio, porque nada hay que sea más innecesariamente conflictivo, antivitalista y tedioso (contrario al fin de la música) que hacérselas a favor o en contra de un noumeno musical.

Sexto Empírico, “Contra los músicos”, en: Contra los profesores, trad. de Jorge Bergua, Madrid: Gredos, 1997, pp. 225-233.

domingo, 3 de mayo de 2009

Ascolta (por estos días en Lima)

En algunos momentos este blog se vuelve más noticiosos que lo acostumbrado, ya lo sé. Lo siento por quienes pudieran esperar más, pero a veces no hay tiempo. Sin embargo, en la medida de lo posible, para no atiborrar el blog con simples noticias, aquellas sobre los próximos eventos musicales serán limitadas a una lista que aparecerá cada cierto tiempo. Eso sí, se trata sólo de los eventos que me llaman la atención (aunque no necesariamente me gusten) y de los que buenamente me entero, así que no espere un holismo noticioso.

Viernes 15 de mayo
JORGE DREXLER - CARA B
El ganador del Oscar en la categoría de Mejor Canción Original con “Al otro lado del río”, tema de la película Diarios de motocicleta, vuelve a tocar en la PUCP.
Polideportivo de la PUCP
Hora: 20:30 Entrada: S/. 30.00 Platinum: S/. 250.00 Super VIP: S/. 195.00 VIP: S/. 145.00

Sábado 16 de mayo
MUSICA CUBANA - LOS GUARACHEROS DEL PERU
Temas de poetas y compositores cubanos: José Martí, Miguel Matamoros, Reynaldo Hierrezuelo, Lorenzo Hierrezuelo, Compay Segundo, Arsenio Rodríguez, Ñico Saquito, Bienvenido Gutiérrez, entre otros. Géneros: Bolero, Son, Guajira, Chachachá, Guaracha.
Centro Cultural Ricardo Palma (Av. Larco 770, Miraflores)
Hora: 19:30 Entrada: S/. 10.00

Del 21 al 24 de mayo
FESTIVAL INTERNACIONAL JAZZ PERÚ 2009
Gabriel Alegría viene organizando este nuevo festival de jazz que, a diferencia del antes comentado, tiene una oferta más atractiva, aunque sus invitados internacionales no sean todavía todos los que se pudiese esperar. Su principal atracción este año es el pianista norteamericano Kenny Werner, que tocase en su momento con el genial Archie Shepp. Una gran ventaja de este festival es su descentralización, que este año ha incorporado auditorios en los distritos de La Victoria y San Borja, además de uno en Cusco. Su gran desventaja, el elevado costo de las entradas para el promedio de actividades de este tipo. (El Jazz Zone, su corazón, sigue siendo un espacio demasiado restrictivo económicamente.) Quizá una diversificación de precios pudiese funcionar en sus futuras versiones. Por lo demás, este festival se viene consolidando muy bien y es bastante probable y deseable que crezca aún más.

Más información en la página web de Jazz Perú Internacional.

Jueves 28 de mayo
ANDREW TOSH EN LIMA - HOMENAJE A PETER TOSH
Ya son 22 años desde que Peter Tosh, una de las voces más importantes dentro del roots reggae, fuese asesinado en la puerta de su casa. Para recordar la magnitud de su obra, tenemos la oportunidad de escuchar a su hijo, Andrew Tosh, que nos ofrecerá un concierto con sus propias canciones y sobre todo con las de su padre.
Discoteca Vocé de Lince
VIP - S/. 90.00 General - S/. 70.00

Sábado 30 de mayo
LA ESQUINA DEL TANGO PRESENTA "A MEDIA LUZ"
Bandoneón de Julio Genta y sus bailarines.
Centro Cultural Ricardo Palma (Av. Larco 770, Miraflores)
Hora: 19:29 Entrada: S/. 20.00 Jubilados: S/. 15.00

CAFÉ TACUBA
Centro de Convenciones María Angola
Hora: 20:00

Sábado 06 de junio
PABLO MILANÉS (II FESTIVAL CLARO)
Anfiteatro del Parque de la Exposición
General: S/. 45.00 VIP: S/. 220.00

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