miércoles, 23 de julio de 2014

La cuarta pirámide de Egipto: Umm Kalzum



En el día nacional de Egipto recordamos a Fāṭima ʾIbrāhīm al-Baltāǧī (1898-1975), más conocida por su nombre artístico: Umm Kalzum.
 


Admirada en Occidente por cantantes como Maria Callas, Bob Dylan, Marie Laforêt, Nico, Bono, Led Zeppelin, y por el filósofo Jean-Paul Sartre, la llamada "Señora de la canción árabe", o también "Astro de Oriente", es recordada en el Medio Oriente como la más grande cantante de su historia. Célebre en todo Egipto desde los años 30, su fama se extendió internacionalmente en las décadas siguientes, representando no sólo una bella voz, sino también todas las aspiraciones de libertad y hermandad de la comunidad árabe posterior al período colonial. Ello se apoyaba en que, a diferencia de otras celebridades, era plenamente egipcia, de origen humilde, de religión musulmana y modelo de mujer virtuosa que se identificó con el panarabismo del presidente Nasser, líder socialista que fue el primer gobernante propiamente egipcio desde tiempos de los faraones y quien nacionalizó el Canal de Suez.

La capacidad de Kalzum para mantener su calidad vocal a lo largo de canciones que duraban más de una hora cada una era tan increíble que se creó la leyenda de que en su mano izquierda, en la que sostenía siempre un pañuelo de seda, escondía una bola de hachís que iba absorbiendo por la piel. En esas actuaciones, a menudo, también improvisaba. Para grabar sus discos, debió preparar versiones reducidas que permitieran incluir al menos una canción por disco. Su muerte, en 1975, que desencadenó una ola de histeria y suicidios, dio fin a toda una época de dignificación de la cultura y la nación árabe. Fue enterrada por 4 millones de seguidores y con honores de jefe de Estado en la célebre Ciudad de los Muertos.

"Enta Omri" ("Tu eres mi vida") es uno de sus temas más conocidos y ha sido objeto de numerosas versiones por cantantes de todo el mundo, incluyendo a la colombiana Shakira que lo incluyó como introducción de su tema "Ojos así". Esta grabación es la de su apoteósico concierto en 1967, en el Olympia de París, ante centenares de inmigrantes árabes que fueron a verla desde todas partes de Europa. Así, esta cantante del amor desgarrado, que treinta años después de su muerte sigue vendiendo un millón de discos por año, es un referente ineludible al estudiar el vínculo entre música y nacionalismo, unidos del mejor modo, es decir, por la libertad y la fraternidad.
 

lunes, 21 de julio de 2014

Johannes Ockeghem


En el día nacional de Bélgica, recordamos a Johannes Ockeghem, músico de la escuela franco-flamenca de mediados del siglo XV. Dueño de una prodigiosa voz de bajo y compositor ingenioso, Ockeghem nació en Saint-Ghislain (Bélgica), entre 1410 y 1420. Adquirió temprana fama como maestro de coro y fue designado maestro de la capilla de la corte al servicio de los reyes Carlos VII y Luis XI de Francia. A pesar de no ser ampliamente conocido, este músico renacentista es considerado en la actualidad uno de los nombres más importantes de la historia de la música occidental, especialmente porque ayudó de manera decisiva a cimentar las bases de la polifonía y el contrapunto.
 
 
Aunque no se apartó de los motivos y formas de la música sacra de su tiempo, sus sutiles juegos con las voces (generalmente sostenidas sobre el canto llano del tenor, que daba la atmósfera tonal) fueron muy apreciados porque mostraban gran complejidad técnica e independencia melódica en cada voz sin que se opacaran una con otra ni se aminorase en conjunto la belleza de sus composiciones. Una de sus estrategias fue hacer coincidir la acentuación de las palabras con el acento musical, algo original para entonces.
 
Su complejidad puede apreciarse, por ejemplo, en la Missa prolationum que, siendo a cuatro voces, sólo estaba escrita para dos que debían dar el efecto mediante cánones en diferentes intervalos y tiempos. Por su parte, la Missa cuiusvis toni puede ser interpretada en cualquier clave, dependiendo de lo cual se estaría tocando en cada uno de los diversos modos griegos. Y también hizo lo propio con sus motetes. En éstos mantuvo las letras de los cantos gregorianos, pero musicalmente se apartó mucho de ellos, como en el conocido Deo gratias, canon en el que introdujo nada menos que 36 voces.
 
 


 
A su muerte, los mejores poetas de su tiempo, entre ellos Erasmo de Rotterdam, le escribieron odas de lamento; y el compositor Josquin des Prés le dedicó La Déploration sur la Mort d'Ockeghem. Murió en Tours (Francia), en 1497.
 

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