miércoles, 9 de septiembre de 2009

Tres preguntas, hechas o no, y sus respuestas (Kierkegaard y el amor)




















1. Pregunta hecha y ya contestada: ¿Le interesaba a Kierkegaard la existencia como la abordó el existencialismo... Sartre, por ejemplo?

Además de lo verbalmente dicho, que en vano reproduciría aquí, habría que partir desde el punto en que se advierta con claridad que hablar de "existencial-ismo" supone ya una supresión de la existencia particular. Nada más ajeno al querer de Kierkegaard. Ni siquiera en "El existencialismo es también un humanismo" se encuentra el requerimiento de que la comunicación sea subjetiva. ¿Y en La náusea?... ...¿Y en La náusea?


2. Pregunta hecha y quizá no contestada: ¿Se podría retornar del estadio religioso al ético o de este último al estético?

a) Para Kierkegaard: ¿Dar un salto hacia atrás? No. En la medida que el salto hacia adelante y la decisión que conlleva sean hechos con la entereza subjetiva que supone ser auténtico, no es posible. Sí lo es, en cambio, si dicho avance ha resultado del deliberado engaño de uno mismo. Por ejemplo, si uno establece una relación amorosa por un compromiso objetivo (una imposición) o por lástima, y no realmente por amor, o si uno funda su amor a Dios (su piedad religiosa) en los tratados de teología o en los mandatos de su pastor, y no en la vivencia espiritual subjetiva, entonces no sólo es posible, sino incluso necesario que se regrese a los estadios previos, pero esto porque sólo era una ilusión el encontrarse en los posteriores. Para emprender el camino de ascenso con la debida pureza y convicción ("la pureza de corazón es querer una y la misma cosa"), es necesario comenzar por lo estético, por el goce sensible, por el erotismo. En ese sentido el donjuanismo es una especie de mal necesario, y de allí que Kierkegaard le dé una importancia inusitada - su justificación está en el hecho mismo de ser una respuesta natural (querida incluso por Dios) frente a los desvaríos del cristianismo oficial y de las filosofías especulativas. Si a pesar de ello se observa que lo estético -aquí, el erotismo y la seducción- es en cierta medida un estadio inauténtico para nuestro autor, ¿por qué entonces parte de ellos, siendo su meta el amor religioso? Evitando por ahora los detalles, bien puede servirnos de respuesta una frase de Heidegger que alude a San Agustín: "No porque el camino sea de orden inferior (vilis via) tiene por qué ser inferior el objetivo".*

b) En mi apropiación de Kierkegaard: El camino señalado por Kierkegaard es sólo uno de los dos posibles. El otro es precisamente, en sus mismos términos, un camino a la inversa: primero es necesaria una vivencia auténtica de lo religioso, luego se da el salto a lo ético, como un paso necesario de maduración, para finalmente dar el salto a la autenticidad estética. Se trata de una vía de descenso hacia lo primordial, que está en el "reino de este mundo". Se trata de una piedad para con la tierra (y el sol y el mar... y el chocolate y desde luego las mujeres...). Se trata de avanzar de espaldas, como decía San Agustín, sin saber lo que nos depara el futuro (e incluso sin el ligero respaldo de la fe). Se trata de los mismos tópicos y aprendizajes que Kierkegaard describió con brillantez, pero de una forma exactamente inversa.


3. Pregunta no hecha y quizá no contestada: ¿Por qué Kierkegaard y no, por ejemplo, Platón?

En resumidas cuentas, por una sencilla preferencia por lo particular en lugar de las esencias; por querer conocer el amor a partir de sus obras mismas y no a partir de la Idea, de lo que sería el amor-en-sí. Kierkegaard, que era un asiduo lector de Platón, nos remite siempre al existente, y desde esa perspectiva vivencial pueden abordarse mejor las distintas facetas de lo que es el amor, especialmente de aquellas que, en su irreflexividad, escapan del holismo sistemático del filósofo idealista (dicho sea, de paso, eso mismo para el concepto de amor de Hegel).


* Heidegger, Martin, Estudios sobre mística medieval, trad. de Jacobo Muñoz, Madrid: Siruela, 2001, p. 192.

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